miércoles, 25 de julio de 2012

Lima la gris

Antes de llegar al Perú, le preguntaba a un peruano amigo que vivía entre Londres y Amsterdam, si se acostumbraba a esos días grises y húmedos que se alargan hasta el verano. Él me decía que no era tan distinto a lo que él había vivido toda su vida en su querida Lima, mientras añadía que lo que sí le había impactado era la lluvia. La verdad es que nunca me lo terminé de creer. Aseguraba que en "Lima la gris", nunca llovía, que no había alcantarillado en la ciudad y que las casas no tenían desaguaderos en los techos. -¡Imposible!, decía yo.

En todas las fotos que había podido ver de Perú a lo largo de mi vida, habían sólo imágenes de la selva amazónica y del famoso Machu Picchu. Había escuchado decir millones de veces que el Perú alberga el pulmón del planeta, o que es recorrido por el río más largo del mundo, ... ¿cómo no puede llover?

Pues sí, es cierto, en Lima no llueve nunca, o no llovía, hasta que empezamos con el cambio climático. Aunque, a decir verdad, una buena tormenta se vería ofendida si escuchara que a lo que cae aquí, se le llama lluvia. Y es que la verdad es que en Lima, más que llover, llovizna, o como dicen aquí, garúa.

Cuando llegué, al principio miraba el cielo, analizaba el viento y decía "Creo que hoy va a llover". Todos me miraban escépticos y me repetían "En Lima no llueve". Al final me rendí. Ya casi he olvidado cómo es una buena tormenta, con rayos, truenos y cortinas de agua... Tal vez por eso, una vez que estuve de viaje por la selva y que cayó el cielo entero, mientras los limeños se asustaban y se escondían en sus cuartos, yo disfrutaba de la fuerza de la naturaleza y de aquel espectáculo natural, sus aromas, su energía, el estruendo...

Por algún motivo que aún nadie ha logrado explicarme con cierta lógica, los inviernos de Lima son de 4 o 5 meses, grises, de niebla, con una humedad que bordea el 100%, que te cala hasta en los huesos y que pese a la temperatura razonable, que nunca baja de los 13ºC, la sensación es de un frío terrible que se mete hasta en la cama.

Lo curioso es que no en toda Lima es así, y que existen micro-climas dentro de la misma ciudad y que como más te alejas de la costa, el clima mejora. Paradójico, aunque razonable, por ser una ciudad con una superficie de casi 30.000 km2, unas 9 veces más que Barcelona.

Pese a eso, la mayoría están de acuerdo en denominarla "Lima la gris", o "panza de burro".

Otros años, por esta época, me apetecía comprar un papel mural con un paisaje tropical y ponerlo frente a la mampara de mi balcón, y no sacarlo hasta que volviera el verano. Afortunadamente, este año, hasta ahora, el invierno parece que no quiere llegar, o el verano no se quiere terminar de ir, y estamos pasando por algo que podríamos casi denominar, un verdadero otoño.

Pero entonces, ¿qué pasa ahora? ¿Dónde quedaron esos mitos?

Unos opinan que aquí, el calentamiento global los está beneficiando, otros lo atribuyen al Niño, o la llegada de un terremoto, pero en el tiempo que llevo aquí, he visto acortarse a los inviernos, menos días y noches de niebla fantasmagórica, y más lluvia y con eso, más verde, más color.

¿Tendremos que dejar de llamarle a Lima, Lima la gris?

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