Si hay algo echo de menos de Perú cuando voy a Europa es la atención preferente para mamás con bebé (que se acaba extendiendo a mamá con niño aunque éste ya casi tenga 18 años), mujer embarazada, o con barriga cervecera, discapacitado, adulto mayor y no tan mayor, y toda la larga lista de personas con preferencia que pueden haber.
Lo pongo un poco en tono de burla, porque sí es cierto que hay veces que no es tan necesario la preferencia y que la gente abusa de ella, y que en algunos casos acaba habiendo más cola haces en la cola de atención preferencial que en la cola normal. Y lo digo porque me ha pasado. Pero a la vez, también consciente que en muchos casos, me libra de un buen rato de colas y esperas, de las que en Europa no te libras, a no ser que te cruces con alguien de alma caritativa, o alguien que justo también esté pasando por lo mismo y decida dejarte pasar.
Aquí en Perú, hay una ley que te ampara, y en los casos que no es así, puedes hacer uso del bendito Libro de Reclamaciones que, desde que "Gracias a Dios" apareció en Perú, puedes poner tu queja y denunciar a los que no la respetan. Y lo digo, de nuevo, porque también lo he hecho cuando ha sido necesario.
Y al final, con tanta prioridad, gracias a la atención preferencial que me he ganado desde que me paseo con mis hijos, al final una se mal acostumbra y cuando se pasea sola, echa de menos el poder hacer uso de ella y empieza a pensar si no hubiera sido mejor salir con ellos. Y una lo pone todo en una balanza y evalúa qué te sale más a cuenta, si la larga espera en las colas, o a el stress de las pérdidas por los pasillos de un centro comercial, o el saber que tu ropa va a acabar llena de babas y mocos (por no decir cosas peores) incluso antes de salir de casa, o el tener que correr a un baño con el carrito de la compra llena de congelados porque el niño tiene pis, ... Y pese a eso, casi siempre prefiero ahorrarme las colas.
Luego, llega el feliz día de tu viaje, de vuelta a casa, y todo empieza bien: aparcas en los estacionamientos para mamás con bebés, haces el check in sin colas, pasas el control de equipaje sin colas, pasas Migraciones como si nada y te subes al avión la primera. Todo es felicidad.
Hasta que llegas a tu destino, y te das cuenta, que NO tienes prioridad y que eres como cualquier mortal. ¿¡¿¡Qué!?!? ¿¿Si voy al supermercado tengo que esperar con los dos niños gritando que tienen hambre?? ¿Tengo que aparcar en la otra punta del párking porque los espacios cerca de la entrada solo son para personas con silla de ruedas, pero no para mamás con cochecitos? ¿¿En los aeropuertos tengo que hacer la cola de todos los mortales pese a estar cargando con el bebé más todos sus pañales, pañitos, mudas, potitos y mil otras cosas que toda mamá mete en el maletín de mano??
Pues si. Y entonces... una se pregunta si realmente está en el Primer Mundo y empieza a echar de menos Perú y sus comodidades, aunque sea solo un poquito.