domingo, 28 de abril de 2013

La vida te da sorpresas

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, como diría aquella antigua canción de Rubén Blade. Y si no fuera por estas sorpresas, probablemente la vida sería bastante aburrida.

Lo sorprendente es que cosas que te sorprendieron hace años, todavía hoy puedan llegarte a sorprender.

Parece ya un trabalenguas.

Hace justo un mes, cumplía 7 años de mi llegada a Perú, y lo cumplía subida a un avión, yéndome de Lima. Fue casualidad, nada planeado, pero por la misma coincidencia, y por el mismo echo que cuando llegué a Perú, no pensaba quedarme, de alguna manera me asustó el echo de no regresar.

Y justo por pequeñas casualidades como estas, una, que es así de darle mil vueltas a las cosas, tuvo tema sobre el qué pensar durante mi viaje de 4 días a una ciudad donde, a parte de ver edificios, no había mucho más que hacer (por cierto, si no les gusta la Arquitectura y/o el Urbanismo, no vayan a Brasília).

Algunas de las grandes decisiones que hacemos o hemos hecho en nuestras vidas, muchas veces no las hemos pensado o evaluado lo suficiente antes de hacerlas, y de alguna manera, nos hemos dejado llevar por las prisas, un deseo, una presión, un error, una debilidad, ... Al final, uno se ve envuelto en una serie de circunstancias en las que uno no sabe cómo acabó ahí. Parar un momento, detenerse para mirar y evaluar lo que has hecho y poder tomar la decisión de si seguir así o si tomar un nuevo rumbo, parece que no se estila. Hacer sobre lo hecho, repetir los mismos errores, y seguir rehaciendo sin analizar, así funciona hoy la vida.

Carpe Diem.

Y sin darte cuenta, un día, te das cuenta que nada tiene sentido.

De alguna manera u otra, eso es lo que se siente en Lima. Esta euforia colectiva, de consumismo, construcción, desarrollo insostenido, desordenado, no planificado... ¿Alguien mira y revisa lo que estamos haciendo? ¿Hacia dónde va la ciudad y quién la orquestra?

Desde un punto de vista de arquitectura y urbanismo sostenible, la ciudad se está volviendo un caos, creciendo sin planificación y sin infraestructura previa. Con esa prisa por consumir el momento, sin mirar lo que tenemos y sin planificar antes de actuar, estamos perdiendo la ocasión de hacer las cosas bien, y no tenerlas que rehacer luego. Está demostrado que el desarrollo acelerado, sino es planificado, es puro humo que pasa. Tenemos un muy buen ejemplo cercano con Venezuela, un país que podría haber llegado a ser del primer mundo, pero se quedó ahí.

Estudiar el pasado, pensar hoy y actuar para el mañana. Creo que esa es la consigna.