En poco más de una semana, se inaugura la 5a edición de la cada vez más popular feria gastronómica peruana, Mistura. Este año con el lema Mistura, apega, prometen platos de toda la vida y de todas las regiones del país, nuevas fusiones e invitados con renombre, nacionales, internacionales cercanos, y también del otro lado del charco.
La verdad es que sólo ver la web, pero sobretodo las imágenes que han ido colgando en el Facebook u otros portales, ya me está volviendo a dar hambre. Y es que, por qué no decirlo. ¡En Perú se come bien! Y fe de ello lo dan estos casi 4 kilos de más que tengo, y que no tenía cuando llegué.
A uno, acostumbrado a la dieta mediterránea, y a la gastronomía ibérica, algunas veces se le hace dicífil encontrar lugares donde se coma bien fuera de casa. Yo sin ser chef ni nada parecido, cuando he vivido fuera de mi país, siempre he tenido fieles y gratos comensales en mi mesa. Aquí en Perú, finalmente tuve que delegar mi función y prácticamente renunciar a mi mandil, después de pequeñas catástrofes o tras preparar platos no tan exitosos.
El peruano es exigente con la comida, y eso lo sabemos todos, o al menos, los que vivimos aquí. Y ahora más, con toda esta potente campaña para promover el orgullo por lo propio, por la cultura, por el país, pero sobretodo, por la gastronomía. El peruano ha cultivado su paladar, y quién más quién menos, te habla de este y aquel hueco, donde se come el mejor ceviche, la mejor causa, o el mejor arroz con pato.
En todas las familias hay uno que se autodenomina chef, algunos de profesión, otros de corazón y otros frustrados, pero todos tienen su especialidad. Hay el parrillero, el que hace los mejores ceviches, o el mejor lomo saltado, y recientemente, hay los que aseguran hacer la mejor paella valenciana. Todos tienen todo su set completo y accesorios para poder realizar su especialidad con éxito, y las tiendas de cocinas y complementos para ellas, han aparecido como setas por toda la ciudad.
Con todo el movimiento que se ha creado a raíz de este echo, los restaurantes también se han "apitucado", y los precios han empezado a crecer y los platos a reducirse de manera tal, que algunos lugares ya te quedas con hambre. Pero de esto, puedo hablar en otra mejor ocasión.
Si quisiera hablar de comida, podría abrir un blog gastronómico, que ahora están de moda, y seguramente tendría miles de visitas, comentarios y críticas. Todo el mundo quiere conocer los nuevos lugares, qué recomiendas o qué te pareció la carta de vinos. Y es que aquí, ¿quién no sale mínimo una, sino dos veces a la semana a comer fuera? Y no puedo negarlo, a mi me encanta comer fuera, así que tendría tema y recomendaciones para rato.
La idea de Mistura, a parte de la de promover la gastronomía peruana y, a fin de cuentas, a Perú, es abrir al público en general, el interés y la motivación por hacer las cosas mejores, por querer mostrar al país y fuera de él, lo que el peruano es capaz de hacer. Y qué mejor que a través de una feria gastronómica, con música, bebida y sobretodo, buena comida.
Espero poderme dar un salto este año y poder comentar luego
Ya no me queda más que decir a los que vayan: Buen Provecho.
http://www.mistura.pe/
miércoles, 29 de agosto de 2012
miércoles, 22 de agosto de 2012
En Agosto aún es invierno
Ya estamos a fines de Agosto, aún para mi el mes veraniego por excelencia, aunque claro, no aquí, sino en el hemisferio norte.
En Perú en cambio, acaba de empezar la parte más cruda del invierno y, pese a que el termómetro no baja de los 16ºC, llevo todos los abrigos puestos, mientras escucho hablar sobre la ola de calor que están sufriendo en España este año.
No logro evitar recordar mis vacaciones veraniegas y todo aquello que implicaba el pasar esos tres meses de verano entre las playas de Salou, el pueblo de mi madre, la casa de Tarragona o el ático asfixiante de Nou Barris.
¿Dónde están aquellas tardes largas de Agosto?, ¿aquellas lluvias torrenciales de fin de verano, en las que la mitad de la flota vehicular de los pueblos de costa tenía que ser renovada al ser llevada por completo hasta el mar por alguna de las rieras costeras?, ¿las fiestas mayores que iniciaban con el fin de la cosecha?, ¿los últimos melones de piel de sapo de la temporada?, ...
El resto del año no me parece afectar mucho, pero cuando llegan ciertas fechas, como la temporada de verano, y sobretodo la Navidad, no me termino de acostumbrar al echo que aquí en "mi verano" haga frío y que la Navidad sea veraniega y con chancletas.
Y es que el hombre es un animal de costumbres, y pese a los años que llevo aquí, que hasta miedo me da ya contarlos, en mi mente el mes de Agosto, seguirá siendo siempre el remate del verano, las rebajas, las últimas claritas en terracitas playeras, la paellitas después del día de playa, las carpas con la canción del verano, el olor a Nivea Factor 30, las retenciones del domingo por la tarde para entrar a Barcelona, las siestas de la tarde para huir del sol, ....
Así que no me toca otra, que mirar las fotos que mis amigos cuelgan en el Facebook, ver los anuncios de Estrella Damm y escuchar la música pachanguera que suena por las emisoras de radio online, y teletransportarme, pese al frío que no ayuda en la recreación del ambiente, y "sentarme" en la Barceloneta, pensando, esperando, poder tomarme unos días el próximo verano, verano frío o invierno peruano, y escaparme unos días a Barcelona y vivir el auténtico Agosto, el del verano.
En Perú en cambio, acaba de empezar la parte más cruda del invierno y, pese a que el termómetro no baja de los 16ºC, llevo todos los abrigos puestos, mientras escucho hablar sobre la ola de calor que están sufriendo en España este año.
No logro evitar recordar mis vacaciones veraniegas y todo aquello que implicaba el pasar esos tres meses de verano entre las playas de Salou, el pueblo de mi madre, la casa de Tarragona o el ático asfixiante de Nou Barris.
¿Dónde están aquellas tardes largas de Agosto?, ¿aquellas lluvias torrenciales de fin de verano, en las que la mitad de la flota vehicular de los pueblos de costa tenía que ser renovada al ser llevada por completo hasta el mar por alguna de las rieras costeras?, ¿las fiestas mayores que iniciaban con el fin de la cosecha?, ¿los últimos melones de piel de sapo de la temporada?, ...
El resto del año no me parece afectar mucho, pero cuando llegan ciertas fechas, como la temporada de verano, y sobretodo la Navidad, no me termino de acostumbrar al echo que aquí en "mi verano" haga frío y que la Navidad sea veraniega y con chancletas.
Y es que el hombre es un animal de costumbres, y pese a los años que llevo aquí, que hasta miedo me da ya contarlos, en mi mente el mes de Agosto, seguirá siendo siempre el remate del verano, las rebajas, las últimas claritas en terracitas playeras, la paellitas después del día de playa, las carpas con la canción del verano, el olor a Nivea Factor 30, las retenciones del domingo por la tarde para entrar a Barcelona, las siestas de la tarde para huir del sol, ....
Así que no me toca otra, que mirar las fotos que mis amigos cuelgan en el Facebook, ver los anuncios de Estrella Damm y escuchar la música pachanguera que suena por las emisoras de radio online, y teletransportarme, pese al frío que no ayuda en la recreación del ambiente, y "sentarme" en la Barceloneta, pensando, esperando, poder tomarme unos días el próximo verano, verano frío o invierno peruano, y escaparme unos días a Barcelona y vivir el auténtico Agosto, el del verano.
miércoles, 15 de agosto de 2012
Ayudín, a la grasa le pone fin
El fin de semana pasado, yendo dirección a Cieneguilla huyendo de la humedad limeña y buscando un poco de sol invernal, leí, así de pasada en la cuneta, un letrero en el que se ofrecía lavar el coche con champú.
Debo confesar que me desconcertó. Pensé que lo había leído mal, ¡pero no! Me crucé con otro letrero similar, ese con letras rojas, escritas a mano, prometiendo un lavado rápido y completo, también con champú.
No puedo decir que haya lavado mi coche a mano alguna vez, pero si lo hiciera, probablemente nunca pensaría en usar el champú para ello. La verdad, es que frente a lo absurda que me pareció la idea, empecé a darle vueltas al asunto: ¿Servirá uno anticaspa?, ¿Necesitarás luego un acondicionador?, ¿Si usas uno para cabello teñido, el color del coche se revitalizará y tendrá más brillo?, ...
Regresando hacia Lima, ya con algo menos de creatividad, al pasar por delante de esos puestos de carretera, donde compras fruta, venden huevos, o te lavan el "carro", me volvió el tema a la mente.
¿Con qué lavaría yo mi coche si tuviera que hacerlo? ¿No venderán un jabón para coches? En el caso que, efectivamente no lo hubiera, o no lo tuviera a mano, creo que lo primero en lo que pensaría es en detergente líquido para platos, ¿no? Limpia, desengrasa y deja un bonito brillo al menaje y las copas cuando los secas bien, ¿por qué no debería funcionar con los coches? Eso sería lo lógico.
Pero al llegar a casa, e ir a lavar un plato, me di cuenta de cuál era el problema ¡El Ayudín! O eso pensé.
En Perú hasta hace poco, en la gran mayoría de los hogares, se lavaban los platos con una especie de pasta verde, que deja los platos, si no los enjuagas y secas bien, con un polvito blanco. Además, te resecan las manos. Por ambos motivos, descarté que con eso se pudiera lavar un coche, y no me pareció tal descabellada la idea del champú. Y menos en ciertos sectores con pocos medios, donde incluso he escuchado que usan detergente de la ropa, para lavarse el cuerpo y la cabeza.
Pese a eso, y para no escribir sobre algo que no tuviera ni pies ni cabeza, decidí buscar en internet y hacer un par de preguntas a personas que sí me habían confesado que habían lavado alguna vez su vehículo.
Ahí me di cuenta que, efectivamente, en varios paises, lo que para mí debería ser algo así como detergente o jabón para coches, se le denomina champú, champú para carro, o algo similar. Y es más, me enteré que el jabón para platos es malo, porque le quita el brillo a la pintura. ¿Quién lo hubiera dicho?
En fin, algo aprendí... a no criticar de forma abierta con la gente algo que me parece ilógico, sin haberme informado un poco antes.
Como cierre, aquí os dejo un link que encontré durante mi búsqueda, con unas instrucciones de cómo lavar el coche a mano de forma efectiva:
http://es.wikihow.com/lavar-su-auto-a-mano
Debo confesar que me desconcertó. Pensé que lo había leído mal, ¡pero no! Me crucé con otro letrero similar, ese con letras rojas, escritas a mano, prometiendo un lavado rápido y completo, también con champú.
No puedo decir que haya lavado mi coche a mano alguna vez, pero si lo hiciera, probablemente nunca pensaría en usar el champú para ello. La verdad, es que frente a lo absurda que me pareció la idea, empecé a darle vueltas al asunto: ¿Servirá uno anticaspa?, ¿Necesitarás luego un acondicionador?, ¿Si usas uno para cabello teñido, el color del coche se revitalizará y tendrá más brillo?, ...
Regresando hacia Lima, ya con algo menos de creatividad, al pasar por delante de esos puestos de carretera, donde compras fruta, venden huevos, o te lavan el "carro", me volvió el tema a la mente.
¿Con qué lavaría yo mi coche si tuviera que hacerlo? ¿No venderán un jabón para coches? En el caso que, efectivamente no lo hubiera, o no lo tuviera a mano, creo que lo primero en lo que pensaría es en detergente líquido para platos, ¿no? Limpia, desengrasa y deja un bonito brillo al menaje y las copas cuando los secas bien, ¿por qué no debería funcionar con los coches? Eso sería lo lógico.
Pero al llegar a casa, e ir a lavar un plato, me di cuenta de cuál era el problema ¡El Ayudín! O eso pensé.
En Perú hasta hace poco, en la gran mayoría de los hogares, se lavaban los platos con una especie de pasta verde, que deja los platos, si no los enjuagas y secas bien, con un polvito blanco. Además, te resecan las manos. Por ambos motivos, descarté que con eso se pudiera lavar un coche, y no me pareció tal descabellada la idea del champú. Y menos en ciertos sectores con pocos medios, donde incluso he escuchado que usan detergente de la ropa, para lavarse el cuerpo y la cabeza.
Pese a eso, y para no escribir sobre algo que no tuviera ni pies ni cabeza, decidí buscar en internet y hacer un par de preguntas a personas que sí me habían confesado que habían lavado alguna vez su vehículo.
Ahí me di cuenta que, efectivamente, en varios paises, lo que para mí debería ser algo así como detergente o jabón para coches, se le denomina champú, champú para carro, o algo similar. Y es más, me enteré que el jabón para platos es malo, porque le quita el brillo a la pintura. ¿Quién lo hubiera dicho?
En fin, algo aprendí... a no criticar de forma abierta con la gente algo que me parece ilógico, sin haberme informado un poco antes.
Como cierre, aquí os dejo un link que encontré durante mi búsqueda, con unas instrucciones de cómo lavar el coche a mano de forma efectiva:
http://es.wikihow.com/lavar-su-auto-a-mano
miércoles, 8 de agosto de 2012
Cobro en Dólares, gasto en Soles y ahorro en Euros
Será que este frío invernal me congela las ideas, o que el viento de la mañana se las llevó, pero hoy no sabía qué escribir.
Leyendo por encima los titulares de el Comercio, el más reconocido periódico local, acabé, como siempre, revisando el tipo de cambio del día. El Nuevo Sol hoy está a 2.61, y comprar Euros ya está por debajo de los 3.25. ¡Habrá que comprar!
Nunca me he sentido tan especulador como ahora, revisando las subidas y bajadas de las monedas, esperando el momento para comprar Euros para mi próximo viaje a Europa, o comprando Dólares para ahorrar en moneda extranjera, siempre esperando que sea el mejor momento, en el que el tipo de cambio lo amerite, revisando las tendencias, ...
Perú es uno más de esos países dolarizados, no tanto como, por ejemplo, Ecuador, pero sí lo suficiente como para que las dos monedas, el Nuevo Sol, y el Dólar Americano, convivan casi por igual, tanto en la capital y como en provincia.
Hoy en día, puedes comprar cualquier cosa en cualquiera de las dos divisas, lo que hace que la gente esté constantemente pendiente de la situación del Dólar, viendo en qué conviene más pagar dependiendo de los plazos.
Recuerdo el año en el que la Peseta desapareció y tuvimos que empezar a convertir todo lo que comprábamos, vendíamos o ahorrábamos al Euro.
166.38621 Ptas era lo que costaba un Euro. Y tuvieron que inventar aquellas calculadoras conversoras para que todos pudiéramos saber cuánto nos costaban las cosas. Pasar de una moneda a otra, era realmente un dolor de cabeza, y todavía para muchos lo sigue siendo hoy, 10 años después.
Aquí en cambio, nadie tiene esas calculadoras, pero muchos están al tanto del tipo de cambio y operan de forma indistinta con ambas. Yo, además, le añado el Euro, por si no era ya suficientemente complicada la cosa, y tiendo a convertir aquello que compro al Euro y compararlo con lo que cuesta el mismo producto allí, llevándome la sorpresa que varias cosas son más caras aquí. ¿Quién decía que viviendo aquí podría ahorrar?
Y aquí me entra el dilema, pues cuando pienso en ahorrar, me surge nuevamente la duda ¿en qué moneda?, ¿qué me conviene más?, ...
Al final, y como que me gusta complicarme la vida, cobro en Dólates, gasto en Soles y ahorro... ¡pues en Euros!
Leyendo por encima los titulares de el Comercio, el más reconocido periódico local, acabé, como siempre, revisando el tipo de cambio del día. El Nuevo Sol hoy está a 2.61, y comprar Euros ya está por debajo de los 3.25. ¡Habrá que comprar!
Nunca me he sentido tan especulador como ahora, revisando las subidas y bajadas de las monedas, esperando el momento para comprar Euros para mi próximo viaje a Europa, o comprando Dólares para ahorrar en moneda extranjera, siempre esperando que sea el mejor momento, en el que el tipo de cambio lo amerite, revisando las tendencias, ...
Perú es uno más de esos países dolarizados, no tanto como, por ejemplo, Ecuador, pero sí lo suficiente como para que las dos monedas, el Nuevo Sol, y el Dólar Americano, convivan casi por igual, tanto en la capital y como en provincia.
Hoy en día, puedes comprar cualquier cosa en cualquiera de las dos divisas, lo que hace que la gente esté constantemente pendiente de la situación del Dólar, viendo en qué conviene más pagar dependiendo de los plazos.
Recuerdo el año en el que la Peseta desapareció y tuvimos que empezar a convertir todo lo que comprábamos, vendíamos o ahorrábamos al Euro.
166.38621 Ptas era lo que costaba un Euro. Y tuvieron que inventar aquellas calculadoras conversoras para que todos pudiéramos saber cuánto nos costaban las cosas. Pasar de una moneda a otra, era realmente un dolor de cabeza, y todavía para muchos lo sigue siendo hoy, 10 años después.
Aquí en cambio, nadie tiene esas calculadoras, pero muchos están al tanto del tipo de cambio y operan de forma indistinta con ambas. Yo, además, le añado el Euro, por si no era ya suficientemente complicada la cosa, y tiendo a convertir aquello que compro al Euro y compararlo con lo que cuesta el mismo producto allí, llevándome la sorpresa que varias cosas son más caras aquí. ¿Quién decía que viviendo aquí podría ahorrar?
Y aquí me entra el dilema, pues cuando pienso en ahorrar, me surge nuevamente la duda ¿en qué moneda?, ¿qué me conviene más?, ...
Al final, y como que me gusta complicarme la vida, cobro en Dólates, gasto en Soles y ahorro... ¡pues en Euros!
miércoles, 1 de agosto de 2012
No quisiera ser aquella persona de la ambulancia...
El otro día, como otros, conduciendo por Lima, empecé a oir la sirena de una ambulancia. Se oía lejana, pese a eso, y por instinto, empecé a mirar hacia todos lados, y logré verla por el retrovisor.
El semáforo se puso en verde y avancé un poco, intentando ya ubicarme de manera que fuera sencillo poder maniobrar para dejarla pasar.
Volví a mirar por el retrovisor, seguía parada en el mismo lugar. Estaba haciendo luces, tocando la bocina, intentando que le dieran paso, o que al menos los coches avanzaran. La gente de los vehículos de alrededor, acostumbrada a los ruidos urbanos, y a la indiferencia que predomina en la metrópoli, hacía oídos sordos, seguramente subían el volumen de su radio, o iniciaban una llamada por nextel, explicando a su interlocutor que llegaban 2 horas tarde porque estaban atrapados en el tráfico, mientras otros, histéricos porque tenían una ambulancia detrás reventándoles los tímpanos, como si ellos fueran los que no la dejaran pasar, se ponían de mal humor y sacaban la mano por la ventana, como queriendo hacerla callar.
Me empecé a atormentar, pensando en la persona que estaba dentro, por una emergencia, requiriendo de una rápida asistencia, y la impotencia del conductor de la ambulancia sintiéndose ignorado y sin poder llegar a su destino.
La pasividad de la gente me puso de mal humor, y empecé a tocar el cláxon, para ver si alguien se movía, o intentaba ponerse a un lado, pero nadie hizo nada. Realmente era desesperante.
Finalmente, y por algún lugar, apareció un policia, que logró acertar en hacer mover los coches que bloqueaban el paso, porque estaban girando por un lugar prohibido, e hizo movilizar todo aquel tráfico, que por iniciativa propia, y por quererse hacer los vivos, o no querer dejarse adelantar, habían estado obstruyendo a conciencia el paso de la ambulancia.
Finalmente la ambulancia me pasó, y con ello, logré relajarme.
Al seguir mi camino, ya con el tráfico más relajado, me puse a pensar en el echo y en cómo a toda aquella gente no le había importado lo más mínimo el echo que pudieran estar poniendo en riesgo una vida, tal vez y sin saberlo, de un amigo, o de un familiar, o de un completo desconocido, ¡qué importa!
Ojalá se creara una conciencia de comunidad, y que la gente, por un momento se parara a pensar en las consecuencias que hechos como estos pueden tener.
No quisiera ser aquella persona de la ambulancia...
El semáforo se puso en verde y avancé un poco, intentando ya ubicarme de manera que fuera sencillo poder maniobrar para dejarla pasar.
Volví a mirar por el retrovisor, seguía parada en el mismo lugar. Estaba haciendo luces, tocando la bocina, intentando que le dieran paso, o que al menos los coches avanzaran. La gente de los vehículos de alrededor, acostumbrada a los ruidos urbanos, y a la indiferencia que predomina en la metrópoli, hacía oídos sordos, seguramente subían el volumen de su radio, o iniciaban una llamada por nextel, explicando a su interlocutor que llegaban 2 horas tarde porque estaban atrapados en el tráfico, mientras otros, histéricos porque tenían una ambulancia detrás reventándoles los tímpanos, como si ellos fueran los que no la dejaran pasar, se ponían de mal humor y sacaban la mano por la ventana, como queriendo hacerla callar.
Me empecé a atormentar, pensando en la persona que estaba dentro, por una emergencia, requiriendo de una rápida asistencia, y la impotencia del conductor de la ambulancia sintiéndose ignorado y sin poder llegar a su destino.
La pasividad de la gente me puso de mal humor, y empecé a tocar el cláxon, para ver si alguien se movía, o intentaba ponerse a un lado, pero nadie hizo nada. Realmente era desesperante.
Finalmente, y por algún lugar, apareció un policia, que logró acertar en hacer mover los coches que bloqueaban el paso, porque estaban girando por un lugar prohibido, e hizo movilizar todo aquel tráfico, que por iniciativa propia, y por quererse hacer los vivos, o no querer dejarse adelantar, habían estado obstruyendo a conciencia el paso de la ambulancia.
Finalmente la ambulancia me pasó, y con ello, logré relajarme.
Al seguir mi camino, ya con el tráfico más relajado, me puse a pensar en el echo y en cómo a toda aquella gente no le había importado lo más mínimo el echo que pudieran estar poniendo en riesgo una vida, tal vez y sin saberlo, de un amigo, o de un familiar, o de un completo desconocido, ¡qué importa!
Ojalá se creara una conciencia de comunidad, y que la gente, por un momento se parara a pensar en las consecuencias que hechos como estos pueden tener.
No quisiera ser aquella persona de la ambulancia...
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