lunes, 9 de noviembre de 2015

Golden Rolling Stones en Lima

Tras 10 años viviendo en Lima, y después de ver con mis propios ojos como Perú ha mejorado en muchos aspectos, soy aún consciente de que seguimos en un país pobre, del tercer mundo, con un índice de pobreza por encima del 20% de la población.

Recuerdo que una de las cosas, entre otras muchas, que me impactaron al llegar a Lima, es que la actividad cultural parecía ser poca. Y la verdad es que no lo era, pero era restringida a ciertos grupos de gente, medio clandestina en unos casos, en otros medio elitista. Tenías que conocer a la gente correcta.

Yo recién llegada, y rodeada de gente con poco interés por la cultura, terminé con la sensación de no tener nada que hacer. Pero por suerte, empezaron a aparecer conciertos interesantes. Grupos, en algunos casos, que ya no sonaban en las radios europeas, pero que aquí seguían entre las bandas más escuchadas, y poco a poco también grupos actuales.

Sin haber sido nunca una persona de conciertos, acabé yendo a todos los conciertos que podía, por falta de otra actividad a la que poder atender.

Pero siempre, y desde el principio, me quejé de algo: LOS PRECIOS DE LAS ENTRADAS. Y es que nunca he pagado entradas tan caras como en Perú, pese a casi nunca ir a la primera zona de los fans más fanáticos. Tampoco me da para tanto.

Es sorprendente ver como para ver y escuchar un grupo como Jarabe de Palo en alguno de sus conciertos en España no hubiera tenido que pagar ni 50 USD, pero en Perú he acabado pagando 100 USD para verlos. Y eso que tampoco es que el sueldo mínimo español, uno de los más bajos de la UE, sea equiparable al peruano, ni mucho menos. Entonces? Por qué son tan caros los conciertos en Perú?

Por un lado, los peruanos, con sed por escuchar a grandes bandas, que por muchos años nunca se les habría ocurrido caer por Perú, pagan lo que sea por ver a los ídolos de su adolescencia, o de la adolescencia de sus papás. Por el otro, el nivel adquisitivo en Lima, ha crecido, y por ende la clase media, con lo que la gente, ahora tiene con qué gastar, pero no en qué gastar, así que los conciertos y la creciente oferta cultural, se ha visto beneficiada por esta creciente masa pujante. Y todo hay que decirlo también, Perú se ha convertido en destino turístico de moda, por su gastronomía, y por contar con una de las maravillas del mundo, y muchos cantantes aprovechan para caer por aquí, pagarse sus vacaciones con un concierto, entre otras cosas.

Bueno, pues dicho esto, tal vez se explique la astronómica cifra que piden para una entrada para el concierto de los Rolling Stones en Lima. Apenas hay entradas baratas, la mayoría se encuentran por encima de los 1,000 Soles (más de 300 USD), cosa que encuentro escandalosa, sobretodo al pensar que el suelo mínimo, por ley es de 750 Soles (unos 230 USD).

Pero, y pensándolo bien, ¿no llevamos más de 10 meses en recesión económica en Perú, pero básicamente en Lima? y las lenguas dicen que esto mínimo va a durar hasta pasadas las elecciones. Entonces, quién me explica ¿cómo es que las entradas más caras, de S./2.415 (743$) se hayan agotado, en el primer día de venta en menos de una hora?

Realmente, déjenmelo decir: NO ENTIENDO NADA. La gente se volvió loca?

Y de golpe, me vienen a la mente los niños por escolarizar en Perú, la falta de alimentos en invierno en la sierra, y todas las campañas que hay para abrigar a las familias de Puno, o la recogida de juguetes para los niños de la selva, ... y cómo sólo pocos apoyamos estas causas.

Algo no me cuadra, ¿y a vosotros?

Fuentes:
http://www.inei.gob.pe/media/cifras_de_pobreza/informetecnico_pobreza2014.pdf
https://redaccion.lamula.pe/2015/11/06/the-rolling-stones-en-peru/rlescanomendez/

jueves, 17 de septiembre de 2015

Luces y flashes de colores

Una debe reconocer, que en momentos como estos, de gestación me refiero, no está con mucha paciencia, y toda esa tolerancia y paciencia, desarrollada y aumentada durante los años, hay días, que se van al tacho y una acaba reventando, y mal.

Por suerte nunca he sido una busca-pleitos, y más bien, me hago la loca, mordiéndome, en cierta manera, la lengua y algo más profundo, para evitar entrar en peleas con nadie, y no estresar ni al bebé, ni a mi misma.

Pero, inevitablemente, hay cosas con las que no puedo, y una de ellas, con estos guarda-espaldas, o policías de tránsito, que acompañan a no sé qué personalidades, siempre con una enorme prisa por llegar a su destino, saltándose ellos, y haciendo saltar a los demás, todo tipo de normas de tránsito, señales y límites de velocidad, para que el coche en cuestión llegue a su destino, sin soportar todo el tráfico que el resto de habitantes de la ciudad, tenemos que soportar a diario, y además, madrugar, para llegar a la hora.

Se entiende que personas de tal calibre, tienen preferencia e inmunidad ante las normas de tráfico, y cualquier multa, que claro, ellos no pagan, pero que cualquier ciudadano de a pie (excepto combis y taxis, claro), deben pagar.

Pues claro, ante tal injusticia, una se pone terca.

El otro día, yendo a la piscina, unas de estas flamantes y relucientes motos, con sus luces de colores parpadeantes, se puso detrás de mi, mientras esperaba que el semáforo prendiera su luz verde, y poder seguir mi camino, de bajada a la Costa Verde. Yo, en vista de que al semáforo le faltaban solo 15 segundos para cambiar de color, hice caso omiso a los moteros que me acosaban con sus flashes de luces. Segundos más tarde, ya me estaban pitando y hablando por el altavoz, exigiendo que me saltara el semáforo, aún en rojo, mientras otros coches que venían en otro sentido, cruzaban frente a mi, poniendo en peligro mi vida y la de los otros, y arriesgándome a ganarme una multa, porque el semáforo tenía cámaras. Les señalé que el semáforo estaba en rojo, y que se esperaran. No iba a cruzarlo.

Bueno, ahí se montó el show, en esos diez segundos restantes, en los que me estuvieron gritando por los altavoces para que avanzara mi vehículo, incumpliendo con el reglamento, cosa que no me dio la gana de hacer, y aguanté como pude, la presión y la vergüenza, de sentir que todo el mundo me miraba.

Finalmente, el semáforo, tras 10 segundos que se volvieron eternos, dejó el rojo para volverse verde, y ahí avancé y dejé avanzar al tal Sr. Apurado con poder, que quería pasar y zurrarse con todos.

Desde aquí, hago una llamada para detener tal injusticia y abuso de la autoridad de estas personas, y de los policías que los custodian, que, a parte de hacerlos inmunes indebidamente, ponen en riesgo la seguridad de tanto los otros vehículos como los peatones que cruzan, por no tomar las precauciones necesarias, por no hablar ya del escándalo acústico que ocasionan por allá donde pasan.

No son ambulancias y no tienen ninguna emergencia.

No los voy a dejar pasar, ¿y tú?


jueves, 3 de septiembre de 2015

Cumpleaños infantil para nanas

Hace sólo unos días, tuve la dicha, o más bien la desdicha, de ser invitada a un cumpleaños infantil un día de semana.

Debo decir que estoy en contra de estos cumpleaños multitudinarios, que más que cumpleaños parecen bodas, con todo tipo de decoración, show, música a todo volumen y el frenesí, al final disforzado, de los niños corriendo con altos niveles de azúcar en la sangre.


Tal vez esto explique que, en general, no quiera llevar a mi hijo a estos mega eventos, y menos estar yo presente, porque sé que acabo con ganas de no regresar a otro en un buen tiempo.


Esta vez tuve que ir: mi condición forzada de mujer florero temporal, no permitía excusas, y eran amigos cercanos, así que barriga a cuestas, y niño en mano, me animé a buscar la dirección en el laberíntico San Borja, donde siempre me pierdo, o me perdía (Waze ahora es mi mejor amigo).


Como manda la tradición local, salí una hora tarde de casa, para llegar y estar el mínimo tiempo posible, en la jaula de locas y locones.


Al llegar, con las justas encontré 4 o 5 otras madres que conocía, y alguna que otra más que nunca había visto, y suponía conocidos del nido del agasajado. El resto, algunos familiares y un largo elenco de empleadas del hogar o nanas que casi eran más que niños, y que habían invadido el poco espacio de mesas con sillas que habían en la fiesta, y que charlaban hasta por los codos entre ellas, poniéndose al día de lo que sus señoras habían hecho o dejado de hacer durante los últimos días. Definitivamente más efectivo que comprar la revista Hola. Me gustaría saber si a sus empleadoras les hace mucha gracia, que se vayan sacando al aire sus asuntos domésticos o personales de esa manera, pero supongo que es inevitable, porque en su mayoría, estas señoras, viven las 24h de la casa.


Independientemente de la cantidad de información amarillista que puedes escuchar en estos sitios, lo que me impactó esta vez, no fue esto, porque al fin y al cabo, esto es pan de cada día. La gente es chismosa, pes! No fue eso, sino el ver que a muchas de estas chicas o señoras, todas de origen bastante humilde, nadie les haya explicado cómo comportarse o actuar en estos sitios.


Por un lado, pese a mis 6 Kg de más y mi barriga extra voluminosa, nadie se ofreció a cederme, ni en un solo momento, un asiento para poder reposar piernas y alma, y eso considerando que no era la única embarazada, sino que éramos 4, y ninguna pudo sentarse ni un minuto en toda la tarde.


En otra ocasión, mientras mi hijo y yo hacíamos cola para ingresar al único baño disponible para los invitados, súbitamente, al abrirse la puerta que me permitía ingresar con mi hijo, alguien me apartó e ingresó con una niña, dejándome boquiabierta, por no decir altamente sorprendida por la conchudez o cara dura de la señora en cuestión, cuidadora de la niña. Tuve que abrir la puerta antes de que me la cerrara en las narices, y pedirle con educación que saliera, porque todos estábamos haciendo cola. La señora, sin ni mirarme, me dijo que la niña quería ir al baño, mientras hacía un nuevo intento por cerrar la puerta. De nuevo insistí, y le tuve que pedir que saliera, porque mi hijo, también necesitaba hacer pila y que, como tocaba, había tenido que esperar en cola a que nos tocara. Finalmente, y en vistas que no le iba a dejar cerrar la puerta, la niña y su "amable" cuidadora, salieron del baño y nos dejaron ingresar.


Bueno, pues la cosa no acabó ahí. Estos cumpleaños se celebran a media tarde, hora de la merienda, y, por supuesto, hay comida y dulces para los niños. Bueno, ahora ya no solo para los niños, sino que una debe también pensar en los acompañantes, más hambrientos por lo general que los propios niños, que muchas veces ni prueban la comida.


Sabido era que este cumpleaños prometía buenos dulces, la mamá es repostera, por lo que esperaba poder probar sus delicias: muffins, crocantes de manzana, brownies, manás, lo que fuera vaya. Porque todo lo que hace está rico. Pues mi gozo en un pozo, porque francamente, no pude comer nada más que un par de bocaditos, mientras en las mesas y en los bolsos, se acumulaban, cual depósito, todos los dulces habidos y por haber, que se comerían o luego se llevarían en bolsitas o en las mismas servilletas que luego escaseaban para limpiar los labios de chicha de tu hijo. La verdad es que sorprendida, no atinaba a adivinar el por qué tenían que acumular y llevarse toda la comida, y que el resto de personas no pudiéramos ni probarla. A caso no les dan de comer en sus hogares de adopción? O es que es parte de esas cosas que allí no pueden comer porque está destinado solo a los dueños de la casa? Ahí no pude evitar acordarme de la película Que oras ela voltas? que vi recientemente en el Festival de Cine de Lima, que por cierto, recomiendo a todos que la veáis.


Así que sin casi ni comer, ni poderme sentar, la verdad es que el santo se me hacía cada vez más pesado.


La cosa estalló a la hora de la piñata, donde niños y adultos que empujaban a niños y recogían o gritaban para que los niños recogieran más que los demás, terminó en tragedia, con varios niños en el suelo llorando y empleadas en el césped en posición de camuflaje, que hacían tropezar a los más pequeños, y a los más crecidos también. El resultado, parecía una batalla campal, donde cada uno miraba por sí mismo, con heridos, gritos y lloros, todo mezclado.


Claro, mi hijo salió aterrado, y pidiéndome irnos a casa, porque no le gustaba ese cumpleaños. Y la verdad es que no me faltaron ganas de salir en ese mismo instante.


Por suerte, los padres del agasajado, visto el alboroto, y la hora, tomaron riendas y decidieron de una vez culminar la tarde con el pastel, las velas y la canción cumpleañera que haría que acto seguido, la gente desapareciera del lugar, dejando el desorden y los restos, pero también la tranquilidad en el lugar.


Tras la soplada de velas, efectivamente, no nos faltó tiempo, ni a nosotros ni a nadie, para coger sus cosas e huir del lugar. Yo con un asombro por lo que acababa de ver y vivir, y mi hijo con un cansancio y hambre voraz.


Nuevamente me quedó confirmado el echo que NO debo ir a estos cumpleaños masivos, y menos si son entre semana, y no hay mamás que vean o controlen lo que las personas que cuidan, educan y en teoría dan ejemplo a sus hijos, hacen cuando se reúnen y ellas no están. Otro cantar sería, o espero que sea, bajo su mirada.


Siempre lo he dicho, y sigo pensando lo mismo, uno debe dejar el cuidado de sus hijos, no solo a alguien bueno y que los quieras, sino también a alguien que cuide de ellos, los eduque, forme y pueda servirles de ejemplo. Tanto tema por llevar a tu hijo al mejor colegio de Lima, como para que luego en casa desaprenda todo lo aprendido...


Feliz Cumpleaños!






jueves, 13 de agosto de 2015

Llega el bebé: A Miami vámonos de shopping

- ¡Marianita está embarazada!
- ¡¡Qué buena noticia!!
- Hay que planear YA un viaje a Estados Unidos.

Con la excusa de la llegada de un nuevo integrante a la familia, muchos limeños, en teoría medianamente acomodados, con afán de ahorro, aprovechan su dulce espera para ir de "shopping" a Miami, donde prometen que "Todo es MUCHO más barato y mejor que en Perú".

Probablemente aún no han pasado los 3 meses de riesgo y aún no saben seguro el sexo del bebé, pero ya muchas tienen el billete de avión comprado para viajar, alrededor de los 5 o 6 meses, antes de que la barriga imposibilite todo el viaje y despliegue por las américas del norte, con el afán de comprar todo lo necesario e innecesario a precios de ganga, porque claro, USA es USA.

Así que las listitas con los MUST e indispensables empiezan a circular, y acaban con un listado que ni te digo, de miles de cosas imprescindibles, entre ellas, el cochecito, la cuna, el sacaleches (siempre indispensable porque está de moda la lactancia materna, o decir que la vas a seguir, aunque al final te de pereza dar el pecho y en menos de un mes pases ya a la fórmula), el monitor del bebé (que ya incorpora hasta cámara para poderte conectar vía web, incluso desde la peluquería), por no decir por los miles de juegos de cama, bodies, peleles, trapitos varios, baberos, pantaloncitos, vestiditos, abrigos polares para el gélido frío limeño, biberones, maletines, bebedores y juguetes... todo made in USA (ósea China), porque suena mejor, y porque claro, es más barato, incluso si compras el triple de lo que realmente necesitas.

Al final, ir a Miami es casi un mandatorio para todas las Mums to be. Claro que, si tu economía no te lo permite, vas a tener que buscar una alternativa, de amiga, tía o conocida que vaya o venga de ahí, para hacer tu pedido y hacerla cargar cual burrier de productos infantiles, con todas aquellas cosas que todo el mundo te asegura que son más baratos y de mejor calidad.

Lo que me parece más extraño es que a pocas, se les ocurre que muchas de las cosas las usas solo unos meses, por no decir semanas, y que no es necesaria tal inversión, a no ser que te sinceres contigo mismo, y digas que es un viaje también por placer. ¿Por qué no comprar muchas de estas cosas de segunda mano, que total, ya otras fueron a USA, y tras tres meses de uso ya no van a volver a usar? O,  ¿por qué no comprar ya las cosas cuando sabes el sexo, y la cantidad de ropa realmente necesaria según la estación real del parto y el clima y la medida del bebé? ¿No se ahorraría ahí de verdad mucho más dinero?

Bueno, yo soy sincera conmigo misma: no voy a Miami, pero sí hago mis encargos a España, no solo por el precio, sino por la variedad sobretodo. Claro que también me he equivocado y algunas veces he pedido de más y pero también de menos. Definitivamente no viajaría solo para ir a comprar, pero si viajo, aprovecho para comprar. Así que si me decido y me voy a Miami algún día, voy a ir para conocer, y para comprarme cosas para MI. Así que mejor espero haber ya dado a luz, y haber podido recuperar el cuerpo post-maternidad. Miami puede esperar. ;)

domingo, 15 de marzo de 2015

A l'estiu tota cuca viu

Por suerte, o por desgracia, el verano limeño ya termina, y con él, toda la parafarnalia y despliegue agotador de fiestas y compromisos sociales y de gentita que sale a relucir después de 9 meses de encierro, sacrificio y dolor, para poder pagar la casa o el cuarto veraniego, y toda la fiesta nocturna y vida social asociada al veraneo limeño de la alta alcurnia y de los aspirantes a ella.

Ya después de 3 meses de interminables parrilladas que empiezan el viernes y terminan el domingo, grandes sesiones de exposición solar a las horas de máxima radiación solar, de empalmar los grandes "tonos" con la playa, o del consumo excesivo de alcohol o drogas y las largas manejadas por la Panamericana, el agotamiento del veraneante se hace notorio, y las playas empiezan a despertar cada fin de semana que pasa, con menos luces, menos fiestas y menos surfistas de verano.

Y después de estrenar casi tantos bikinis como fines de semana tiene el verano, la burguesía limeña regresa poco a poco a la capital, al colegio, al trabajo y a sus quehaceres del resto del año, y abandona paulatinamente los 100 km de playa que siguen extendiéndose hacia al Sur, a la par con el crecimiento de la clase media y alta beneficiada por la coyuntura económica y la bonanza de los últimos años.

Debo decir que ahora, cuando ya todo regresa a su lugar, es cuando yo empiezo a disfrutar del verano y de la vida en la playa, del rumor de las olas, de la brisa marina y de las puestas de sol sentada en la playa o con un buen vino blanco y frío escuchando, como único fondo, el oleaje, tan movido por estas fechas, pero a la vez tan arrullador.

Semana Santa ya se acerca, y haga frío o calor, con ella, el fin de la temporada de playa. Quedará solo cerrar los portones, y clausurar las casas de nuevo por 9 meses, y dejar al tiempo que cure, reponga y esconda el estrago causado en solo unos meses de intensa y frenética actividad.

Y será la hora para los reales amantes de la vida de mar.