Agosto es el mes
que parece dar ya fin al invierno, a la reclusión, y pone de nuevo a Lima y a
los limeños en punto de mira. Primavera que ahora ya sí llega – o eso espero-.
Parece que la
bonanza económica también culturiza, - o al menos, hace despertar el interés por el buen
gusto- por lo que todos los eventos culturales que se organizan, tienen mayor
y mejor acogida.
Acabados de
salir de la resaca del Festival de Cine de Lima, sucedido por el Rastrillo, que
cada año que pasa acoge a más paisanos y más sevillanas (una feria de abril en
pleno agosto) ya se están
cocinando los próximos eventos -en mayúsculas- del año: Casacor, pero sobretodo Mistura.
Y entre tanto vaivén preparatorio, uno ya está alistando la temporada veraniega y pensando en enero, la casa de playa y las fiestas en Asia (pronúnciese con acento inglés, para que parezca más cool). La clase alta limeña, y aquellos que quieren pertenecer a ella, ya están a la búsqueda y captura de la casa de playa en el mejor de los clubs, con la mejor de la gente, allí donde revienta el cohete. Así que qué mejor que empezar a aparecer en actos sociales y de la farándula, para que los eventos del verano no te cojan desprevenido o peor aún, anónimo.
Las tiendas ya se llenan de ropa veraniega, de colores pastel y estampados estrafalarios, miniminishorts y escotes imposibles. A más de tres meses para el verano, ya se respira el olor a playa, fiesta y champán.
Yo, por mientras, con mi jersey de punto (de alpaca, eso sí), y mis gafas de sol, voy a empezar a disfrutar del solcito que poco a poco asoma, sentada en el césped, en algún parque perdido y desolado del malecón, esperando que termine Agosto, y empiece Septiembre, esperando que llegue la primavera y lo que llegue con ella.