jueves, 29 de agosto de 2013

El antes y el después de Santa Rosa, o por ahí

Agosto es el mes que parece dar ya fin al invierno, a la reclusión, y pone de nuevo a Lima y a los limeños en punto de mira. Primavera que ahora ya sí llega – o eso espero-.

Parece que la bonanza económica también culturiza, - o al menos, hace despertar el interés por el buen gusto- por lo que todos los eventos culturales que se organizan, tienen mayor y mejor acogida.

Acabados de salir de la resaca del Festival de Cine de Lima, sucedido por el Rastrillo, que cada año que pasa acoge a más paisanos y más sevillanas (una feria de abril en pleno agosto) ya se están cocinando los próximos eventos -en mayúsculas- del año: Casacor, pero sobretodo Mistura.

Y entre tanto vaivén preparatorio, uno ya está alistando la temporada veraniega y pensando en enero, la casa de playa y las fiestas en Asia (pronúnciese con acento inglés, para que parezca más cool). La clase alta limeña, y aquellos que quieren pertenecer a ella, ya están a la búsqueda y captura de la casa de playa en el mejor de los clubs, con la mejor de la gente, allí donde revienta el cohete. Así que qué mejor que empezar a aparecer en actos sociales y de la farándula, para que los eventos del verano no te cojan desprevenido o peor aún, anónimo.

Las tiendas ya se llenan de ropa veraniega, de colores pastel y estampados estrafalarios, miniminishorts  y escotes imposibles. A más de tres meses para el verano, ya se respira el olor a playa, fiesta y champán.

Yo, por mientras, con mi jersey de punto (de alpaca, eso sí), y mis gafas de sol, voy a empezar a disfrutar del solcito que poco a poco asoma, sentada en el césped, en algún parque perdido y desolado del malecón, esperando que termine Agosto, y empiece Septiembre, esperando que llegue la primavera y lo que llegue con ella.

jueves, 22 de agosto de 2013

X años X-tra

Mi abuela murió hace unos días, con más de 87 años de vida encima. A todos los que la conocíamos, nos dolió su pérdida, no sólo por representar algún tipo de vínculo familiar con cada uno de nosotros, sinó también por ser aquella persona que era.

No sé porqué ni cómo, el echo me llevó a revisar cuál era la esperanza de vida en España. Sabía que era una de las más altas del mundo -con razón tantos europeos del norte deciden venir a pasar sus últimos años a las costas españolas, tal vez esperando que sea algo así como un resfrío, que se adquiere por contagio, y puedan vivir unos años más-.

Más de 82 años, es el promedio de vida de los españoles, el de las mujeres es incluso de 84 años.

Supongo, que viéndolo así, debería estar más que orgullosa de mi abuela, por estar encima de ese promedio.

Lo inmediato que hice, después de revisar este dato, fue compararlo con el promedio peruano, que suponía notablemente inferior. Y por un lado, me llevé la sorpresa, y por el otro lado el temor, de saber que la diferencia es de aproximadamente 10 años.

Realmente yo la suponía bastante por debajo de los 70. De alguna manera, supongo que tengo interiorizado en mi mente, que siempre nos han clasificado Perú como un país tercermundista, a donde mandábamos todas aquellas toneladas de comida enlatada que recogíamos durante el Domund.

Al final, nada que ver con algunos países africanos, en los que la esperanza de vida no llega ni a los 40.

Perú, pese al índice de pobreza que supera el 30% de la población, y un 10% de pobreza extrema, ¡tiene una esperanza de vida de 73 años!

No está nada mal. Y más si pensamos que la esperanza de vida en EUA es de 78 años, y que otros paises europeos rondan los 75.

La verdad es que eso confirma que aquí, pese a todo, uno tiene qué comer y que las condiciones de vida, no son tan malas, pese a la pobreza, que sí, definitivamente existe.

Pese a eso, 10 años, son 10 años, y la verdad es que prefiero asegurármelos de alguna manera. Haré como los alemanes e ingleses, que si no puedo regresar ahora, mientras trabajo, me mudaré para pasar mi jubilación y poder disfrutar de los lunes de invierno al sol.

jueves, 15 de agosto de 2013

Maldita DISTANCIA!

Pese a la tecnología, pese a los nuevos medios de comunicación y de transporte, hasta ahora... la distancia sigue siendo un gran impedimento para muchos a la hora de decidir vivir fuera.

Algunas veces la agradeces, otras muchas la detestas.

La distancia ayuda a olvidar, a ser independiente, a conocer otras formas de vida, otras culturas y paisajes.

La distancia te da una nueva perspectiva y te obliga a aprender a ser autosuficiente. Te obliga a aprender a ser polifacético, camaleónico. Te hace viajar, explorar, descubrir.

Pero la distancia, también te provoca añoranza, soledad, te replantea tu identidad, tu patriotismo, y aquella parte de ti, que te relaciona con los tuyos, con tu familia, tus amigos, tu núcleo.

La distancia, hace que cuando estás fuera, quieras volver, pero que cuando vuelves, te sientas fuera de lugar.

Pero lo peor de la distancia, es no poder estar ahí cuando lo necesitas, cuando los otros lo necesitan. Es no poder estar ahí, para lo bueno, pero peor aún, es no poder estar ahí tampoco para lo malo.

Una abraçada MOLT forta, àvia!