miércoles, 18 de julio de 2012

La Gran Farsa, o el Gran Corso de Wong



Como cada año, y desde hace 25 años, los miraflorinos y los limeños en general pueden disfrutar del pasacalles más importante del país, el Gran Corso de Wong.

No hubiera pensado que "Wong, donde comprar es un placer" llevara tantos años organizando este tan emblemático acto, pero parece que tanto para ricos, como para pobres, Wong es ya parte de la memoria nacional y de la identidad patriótica, tanto por su ejemplo emprendedor, como por su mega evento anual que casualmente se realiza en estas fechas. No hay Fiestas Patrias, sin Corso de Wong.

Wong es, o era hasta hace poco, una empresa de una familia de inmigrantes chinos que se asentaron en Perú ya hace varias décadas, y que a medianos de los 40's abrieron una bodeguita, como las muchas que se pueden ver en todas las esquinas de la ciudad.

Tal vez es la influencia de sus orígenes y de su mezcla e integración es el motivo por el cual este "chino de la esquina" se superó y  llegó a ser lo que es hoy.

Creo que, pese a los años, Wong ha seguido manteniendo gran parte de lo que es la esencia china: fidelización y motivación de los empleados, y servilismo y atención al cliente. Y está claro que, en una sociedad como es la peruana de clase alta, una buena atención y una buena sonrisa puede fidelizar a más de un cliente. Wong, les ha dado aquello que tanto les gusta, buen servicio y exclusividad. Todo esto, además gratis. O eso es lo que creen.

Y no es de extrañar que en estos años de bonanza, donde todos pueden ser más, Wong también sea más, y que el Corso pueda ya casi competir, en cuanto a audiencia, con la procesión del Señor de los Milagros.

Pese a eso, creo que la esencia del evento, se ha ido perdiendo a lo largo de los años. Lo que seguramente empezó como una actividad de integración e identificación de los empleados, para con la empresa, y de la empresa para con el país ha pasado a ser un gran anuncio de marcas.

Ahora, y según mi punto de vista, se usan a los empleados para el beneficio de los auspiciadores, a la vez que, aprovechan el patriotismo de la fecha, para darles a las marcas identidad de país.

Sé que en una ciudad como Lima, donde faltan eventos multitudinarios gratuitos, iniciativas como estas hacen falta. La duda es, si es necesario convertirlos en algo tan extremadamente comercial, o si por lo contrario, es necesario establecer reglas del juego claras que controlen de alguna manera a los marqueteros que, hasta el momento, por tener el dinero, han tenido el poder de hacer y deshacer a su gusto.

Pero por el momento, y hasta que la Municipalidad o el propio Wong no lo regule, vamos a tener que seguir viendo anuncios andantes con banderas blanqui-rojas.

Este año, la fecha para la Gran Farsa, perdón, para el Gran Corso de Wong es el 22 de Julio, y por tratarse de un cuarto de siglo de celebración, esperamos un gran despliegue de luces de colores, música, danza y fuegos artificiales firmados por una que otra marca, eso si, la bandera bien en alto y el nombre y la marca de Perú, también.

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