Antes de llegar al Perú, le preguntaba a un peruano amigo que vivía entre Londres y Amsterdam, si se acostumbraba a esos días grises y húmedos que se alargan hasta el verano. Él me decía que no era tan distinto a lo que él había vivido toda su vida en su querida Lima, mientras añadía que lo que sí le había impactado era la lluvia. La verdad es que nunca me lo terminé de creer. Aseguraba que en "Lima la gris", nunca llovía, que no había alcantarillado en la ciudad y que las casas no tenían desaguaderos en los techos. -¡Imposible!, decía yo.
En todas las fotos que había podido ver de Perú a lo largo de mi vida, habían sólo imágenes de la selva amazónica y del famoso Machu Picchu. Había escuchado decir millones de veces que el Perú alberga el pulmón del planeta, o que es recorrido por el río más largo del mundo, ... ¿cómo no puede llover?
Pues sí, es cierto, en Lima no llueve nunca, o no llovía, hasta que empezamos con el cambio climático. Aunque, a decir verdad, una buena tormenta se vería ofendida si escuchara que a lo que cae aquí, se le llama lluvia. Y es que la verdad es que en Lima, más que llover, llovizna, o como dicen aquí, garúa.
Cuando llegué, al principio miraba el cielo, analizaba el viento y decía "Creo que hoy va a llover". Todos me miraban escépticos y me repetían "En Lima no llueve". Al final me rendí. Ya casi he olvidado cómo es una buena tormenta, con rayos, truenos y cortinas de agua... Tal vez por eso, una vez que estuve de viaje por la selva y que cayó el cielo entero, mientras los limeños se asustaban y se escondían en sus cuartos, yo disfrutaba de la fuerza de la naturaleza y de aquel espectáculo natural, sus aromas, su energía, el estruendo...
Por algún motivo que aún nadie ha logrado explicarme con cierta lógica, los inviernos de Lima son de 4 o 5 meses, grises, de niebla, con una humedad que bordea el 100%, que te cala hasta en los huesos y que pese a la temperatura razonable, que nunca baja de los 13ºC, la sensación es de un frío terrible que se mete hasta en la cama.
Lo curioso es que no en toda Lima es así, y que existen micro-climas dentro de la misma ciudad y que como más te alejas de la costa, el clima mejora. Paradójico, aunque razonable, por ser una ciudad con una superficie de casi 30.000 km2, unas 9 veces más que Barcelona.
Pese a eso, la mayoría están de acuerdo en denominarla "Lima la gris", o "panza de burro".
Otros años, por esta época, me apetecía comprar un papel mural con un paisaje tropical y ponerlo frente a la mampara de mi balcón, y no sacarlo hasta que volviera el verano. Afortunadamente, este año, hasta ahora, el invierno parece que no quiere llegar, o el verano no se quiere terminar de ir, y estamos pasando por algo que podríamos casi denominar, un verdadero otoño.
Pero entonces, ¿qué pasa ahora? ¿Dónde quedaron esos mitos?
Unos opinan que aquí, el calentamiento global los está beneficiando, otros lo atribuyen al Niño, o la llegada de un terremoto, pero en el tiempo que llevo aquí, he visto acortarse a los inviernos, menos días y noches de niebla fantasmagórica, y más lluvia y con eso, más verde, más color.
¿Tendremos que dejar de llamarle a Lima, Lima la gris?
miércoles, 25 de julio de 2012
miércoles, 18 de julio de 2012
La Gran Farsa, o el Gran Corso de Wong

Como cada año, y desde hace 25 años, los miraflorinos y los limeños en general pueden disfrutar del pasacalles más importante del país, el Gran Corso de Wong.
No hubiera pensado que "Wong, donde comprar es un placer" llevara tantos años organizando este tan emblemático acto, pero parece que tanto para ricos, como para pobres, Wong es ya parte de la memoria nacional y de la identidad patriótica, tanto por su ejemplo emprendedor, como por su mega evento anual que casualmente se realiza en estas fechas. No hay Fiestas Patrias, sin Corso de Wong.
Wong es, o era hasta hace poco, una empresa de una familia de inmigrantes chinos que se asentaron en Perú ya hace varias décadas, y que a medianos de los 40's abrieron una bodeguita, como las muchas que se pueden ver en todas las esquinas de la ciudad.
Tal vez es la influencia de sus orígenes y de su mezcla e integración es el motivo por el cual este "chino de la esquina" se superó y llegó a ser lo que es hoy.
Creo que, pese a los años, Wong ha seguido manteniendo gran parte de lo que es la esencia china: fidelización y motivación de los empleados, y servilismo y atención al cliente. Y está claro que, en una sociedad como es la peruana de clase alta, una buena atención y una buena sonrisa puede fidelizar a más de un cliente. Wong, les ha dado aquello que tanto les gusta, buen servicio y exclusividad. Todo esto, además gratis. O eso es lo que creen.
Y no es de extrañar que en estos años de bonanza, donde todos pueden ser más, Wong también sea más, y que el Corso pueda ya casi competir, en cuanto a audiencia, con la procesión del Señor de los Milagros.
Pese a eso, creo que la esencia del evento, se ha ido perdiendo a lo largo de los años. Lo que seguramente empezó como una actividad de integración e identificación de los empleados, para con la empresa, y de la empresa para con el país ha pasado a ser un gran anuncio de marcas.
Ahora, y según mi punto de vista, se usan a los empleados para el beneficio de los auspiciadores, a la vez que, aprovechan el patriotismo de la fecha, para darles a las marcas identidad de país.
Sé que en una ciudad como Lima, donde faltan eventos multitudinarios gratuitos, iniciativas como estas hacen falta. La duda es, si es necesario convertirlos en algo tan extremadamente comercial, o si por lo contrario, es necesario establecer reglas del juego claras que controlen de alguna manera a los marqueteros que, hasta el momento, por tener el dinero, han tenido el poder de hacer y deshacer a su gusto.
Pero por el momento, y hasta que la Municipalidad o el propio Wong no lo regule, vamos a tener que seguir viendo anuncios andantes con banderas blanqui-rojas.
Este año, la fecha para la Gran Farsa, perdón, para el Gran Corso de Wong es el 22 de Julio, y por tratarse de un cuarto de siglo de celebración, esperamos un gran despliegue de luces de colores, música, danza y fuegos artificiales firmados por una que otra marca, eso si, la bandera bien en alto y el nombre y la marca de Perú, también.
miércoles, 11 de julio de 2012
Julio, el mes Patrio
¡Y ya estamos en Julio!
Aún no me acostumbro al hecho de que en Julio haga frío y que los días sean los más cortos del año. Alguien me dirá... ¡pero si en Lima es todo el año igual!, y es cierto, pero no del todo. Esa media horita más de sol que tenemos en las tardes de verano, la verdad es que se agradece, sobretodo si piensas que a las 7 de la tarde ya es oscuro y que en España a esa hora aún estás tranqui en la playa tomándote tu cervecita después del trabajo.
Pero de eso ya voy a escribir en otra ocasión.
El mes de Julio, en España lo recordamos casi todos por los San Fermines, pero aquí este mes es, diría yo, el mes más importante del año.
Es el mes Patrio, el mes rojo y blanco, y el mes del Corso de Wong.
Ya desde incluso antes que empiece el mes, la ciudad empieza a sacar sus mejores galas y hacer alarde de su peruanidad.
Quien más, quien menos, lleva su escarapela con la bandera en el pecho, y ahora más que nunca, orgulloso de ser peruano.
Las plazas se llenan de banderas gigantes, con un blanco immaculado, que al fin de mes ya se confunde con el gris del cielo.
Los edificios izan sus banderas, sin excepción.
Los taxistas lucen banderitas de estreno sujetas a las ventanas de lo que les da de comer.
En los colegios, los niños cantan el himno y memorizan el mapa y las bondades de Perú.
Las fachadas, en algunos casos, recuperan su color.
La ciudad, el país entero, pese al invierno, tiene más color que nunca. Es el mes de la Patria, el mes en el que Perú se liberó e independizó, al menos políticamente, de España.
Visto desde mi punto de vista, y debido a mi obvia nacionalidad, no me causa mucha alegría tener que celebrar la derrota de España, y menos durante todo un mes, pero está claro que donde manda capitán no manda marinero, y cada año desisto de colgar en mi balcón la bandera española al lado de una peruana, no sea que vuelva a casa y me encuentre con un cristal roto. Así que por no colgar la peruana sola, no cuelgo ninguna.
Pero, visto todo esto, y sobretodo cuando eres recién llegado, la pregunta obvia es, ¿el peruano es realmente tan patriota?
Por lo que he visto en este tiempo que llevo ya en este país, el peruano se amolda a lo que le dicen y a lo que le conviene.
El estado militarista, de ya hace varios gobiernos, estableció, entre otras, ciertas leyes patrióticas que hasta hoy en día se conservan. Bajo multa, todo edificio, sea de la condición que sea, debe portar la bandera durante este mes e incluso se requería pintar las fachadas, iniciativa que vistas las condiciones del lugar, no veo del todo mal, pero que, desgraciadamente, ha quedado en la mayor parte de los casos olvidada. Y pese a los cambios de gobierno, esas leyes, centradas básicamente en mantener la identidad y el orgullo de país, han permanecido y parece como si todos estuvieran de acuerdo.
Definitivamente el concepto del día nacional, difiere mucho entre España y Perú. Nuestro 12 de Octubre, celebra el Día de la Hispanidad, el descubrimiento de América y la unión de las culturas. Tal vez en un mensaje subliminal, se lanza una llamada a la unión, sobretodo dentro de la misma España, llena de regionalismos. Lo cierto es que, para muchos españoles, el Día del Pilar es probablemente un feriado más, y que muchos niños, no saben que lo que celebramos.
Así que, aquí lo dejo sobre la mesa. Tienen todo un mes para pensar en ello.
¡Felices Fiestas Patrias!
Aún no me acostumbro al hecho de que en Julio haga frío y que los días sean los más cortos del año. Alguien me dirá... ¡pero si en Lima es todo el año igual!, y es cierto, pero no del todo. Esa media horita más de sol que tenemos en las tardes de verano, la verdad es que se agradece, sobretodo si piensas que a las 7 de la tarde ya es oscuro y que en España a esa hora aún estás tranqui en la playa tomándote tu cervecita después del trabajo.
Pero de eso ya voy a escribir en otra ocasión.
El mes de Julio, en España lo recordamos casi todos por los San Fermines, pero aquí este mes es, diría yo, el mes más importante del año.
Es el mes Patrio, el mes rojo y blanco, y el mes del Corso de Wong.
Ya desde incluso antes que empiece el mes, la ciudad empieza a sacar sus mejores galas y hacer alarde de su peruanidad.
Quien más, quien menos, lleva su escarapela con la bandera en el pecho, y ahora más que nunca, orgulloso de ser peruano.
Las plazas se llenan de banderas gigantes, con un blanco immaculado, que al fin de mes ya se confunde con el gris del cielo.
Los edificios izan sus banderas, sin excepción.
Los taxistas lucen banderitas de estreno sujetas a las ventanas de lo que les da de comer.
En los colegios, los niños cantan el himno y memorizan el mapa y las bondades de Perú.
Las fachadas, en algunos casos, recuperan su color.
La ciudad, el país entero, pese al invierno, tiene más color que nunca. Es el mes de la Patria, el mes en el que Perú se liberó e independizó, al menos políticamente, de España.
Visto desde mi punto de vista, y debido a mi obvia nacionalidad, no me causa mucha alegría tener que celebrar la derrota de España, y menos durante todo un mes, pero está claro que donde manda capitán no manda marinero, y cada año desisto de colgar en mi balcón la bandera española al lado de una peruana, no sea que vuelva a casa y me encuentre con un cristal roto. Así que por no colgar la peruana sola, no cuelgo ninguna.
Pero, visto todo esto, y sobretodo cuando eres recién llegado, la pregunta obvia es, ¿el peruano es realmente tan patriota?
Por lo que he visto en este tiempo que llevo ya en este país, el peruano se amolda a lo que le dicen y a lo que le conviene.
El estado militarista, de ya hace varios gobiernos, estableció, entre otras, ciertas leyes patrióticas que hasta hoy en día se conservan. Bajo multa, todo edificio, sea de la condición que sea, debe portar la bandera durante este mes e incluso se requería pintar las fachadas, iniciativa que vistas las condiciones del lugar, no veo del todo mal, pero que, desgraciadamente, ha quedado en la mayor parte de los casos olvidada. Y pese a los cambios de gobierno, esas leyes, centradas básicamente en mantener la identidad y el orgullo de país, han permanecido y parece como si todos estuvieran de acuerdo.
Definitivamente el concepto del día nacional, difiere mucho entre España y Perú. Nuestro 12 de Octubre, celebra el Día de la Hispanidad, el descubrimiento de América y la unión de las culturas. Tal vez en un mensaje subliminal, se lanza una llamada a la unión, sobretodo dentro de la misma España, llena de regionalismos. Lo cierto es que, para muchos españoles, el Día del Pilar es probablemente un feriado más, y que muchos niños, no saben que lo que celebramos.Así que, aquí lo dejo sobre la mesa. Tienen todo un mes para pensar en ello.
¡Felices Fiestas Patrias!
miércoles, 4 de julio de 2012
Próxima parada: Mi casa
Sales de tu casa, caminas tres pasos, y en el intervalo, varios taxis ya te han tocado la bocina (sin importarles que son las 5am y tal vez haya gente que aún duerme), hecho luces o sobreparado a tu lado preguntando si quieres que te lleven.
Sales de la oficina, y frente a la gasolinera combis, cousters y taxis compiten por un pasajero indeciso que tiene a todos alerta, y el tráfico parado a su antojo, mientras regatea con uno y con el otro hasta estar satisfecho.
Conduces por la Javier Prado, y repentinamente, una moto-taxi (o más conocida como moto-rata) decorada con un gusto cuestionable, y definitivamente manipulada, te adelanta por el carril derecho para luego cerrarte.
Yendo al trabajo, ves como un flash una carrera a muerte entre dos combis, que luchan por reducir tiempos y llegar al siguiente "paradero" y subir a todos los pasajeros antes que nadie.
Subes a una combi y te sientes cual montaña rusa, de un lado al otro, con frenadas bruscas en medio de la nada para subir a un pasajero más, aceleradas en semáforos en rojo, enlatamiento de pasajeros somnolientos que se apoyan en tu hombro intentando dormir unos segundos, ronquidos intensos, gente sentada con las rodillas a la altura del mentón para entrar en el asiento...
Los pasajeros que tienen la suerte de ir sentados, no tienen cinturón, sólo el chofer, pero no se quiere sentir distinto. ¡Sálvese quien pueda si me choco! El cinturón sobre-puesto, sólo para que la policía piense que sí está atado. Molesta, pes.
Cables saliendo, luces de freno quemadas, puertas sin sistema de seguridad y que no cierran, y el cobrador, haciendo muestra de sus habilidades trapecistas para cargar pasajeros con el coche en marcha, mientras cobra al que quiere bajar.
- ¡Baja-baja!, dice un pasajero
- ¡Sube-sube!, dice el cobrador mientras golpea la puerta ya abierta antes que el coche se haya detenido.
Full adrenalina.
No por nada, les llaman las "combis-asesinas".
Por suerte, cada vez ves más inspectores de tráfico parando y revisando los documentos de los choferes de combis, cousters o buses.
El trabajo que debería estar asignado a la policía, se ha visto tan corrompido en las últimas décadas, que no hay multa que uno no pueda exonerar a cambio de una Coca-Cola, una revista, o un billete de 50 USD, según la gravedad.
Es triste decirlo, pero aquí la policía, no tiene autoridad alguna, y el echo es que ellos mismo se han ganado la fama. Y quien más se aprovecha de la situación,son aquellos que se pasan el día con las manos al volante, en jornadas de más de 12h y sin más descanso que el rato del almuerzo, o de la dormidita que te pueda dejar hacer un semáforo un poco largo o el propio tráfico de la ciudad.
No es extraño, más bien uno se sorprende, cuando un combista o un taxista, respeta las normas de tráfico.
¿Quién no quisiera tener un pequeño tanque justiciero? Yo, sí.
El caso es que, si tienes suerte y no hay batidas, si eres buen negociador, la combi puede dejarte en la puerta de tu casa.
- ¡Esquina baja!, digo yo con las llaves en la mano. Próxima parada: Mi casa.
Sales de la oficina, y frente a la gasolinera combis, cousters y taxis compiten por un pasajero indeciso que tiene a todos alerta, y el tráfico parado a su antojo, mientras regatea con uno y con el otro hasta estar satisfecho.
Conduces por la Javier Prado, y repentinamente, una moto-taxi (o más conocida como moto-rata) decorada con un gusto cuestionable, y definitivamente manipulada, te adelanta por el carril derecho para luego cerrarte.
Yendo al trabajo, ves como un flash una carrera a muerte entre dos combis, que luchan por reducir tiempos y llegar al siguiente "paradero" y subir a todos los pasajeros antes que nadie.
Subes a una combi y te sientes cual montaña rusa, de un lado al otro, con frenadas bruscas en medio de la nada para subir a un pasajero más, aceleradas en semáforos en rojo, enlatamiento de pasajeros somnolientos que se apoyan en tu hombro intentando dormir unos segundos, ronquidos intensos, gente sentada con las rodillas a la altura del mentón para entrar en el asiento...
Los pasajeros que tienen la suerte de ir sentados, no tienen cinturón, sólo el chofer, pero no se quiere sentir distinto. ¡Sálvese quien pueda si me choco! El cinturón sobre-puesto, sólo para que la policía piense que sí está atado. Molesta, pes.
Cables saliendo, luces de freno quemadas, puertas sin sistema de seguridad y que no cierran, y el cobrador, haciendo muestra de sus habilidades trapecistas para cargar pasajeros con el coche en marcha, mientras cobra al que quiere bajar.
- ¡Baja-baja!, dice un pasajero
- ¡Sube-sube!, dice el cobrador mientras golpea la puerta ya abierta antes que el coche se haya detenido.
Full adrenalina.
No por nada, les llaman las "combis-asesinas".
Por suerte, cada vez ves más inspectores de tráfico parando y revisando los documentos de los choferes de combis, cousters o buses.
El trabajo que debería estar asignado a la policía, se ha visto tan corrompido en las últimas décadas, que no hay multa que uno no pueda exonerar a cambio de una Coca-Cola, una revista, o un billete de 50 USD, según la gravedad.
Es triste decirlo, pero aquí la policía, no tiene autoridad alguna, y el echo es que ellos mismo se han ganado la fama. Y quien más se aprovecha de la situación,son aquellos que se pasan el día con las manos al volante, en jornadas de más de 12h y sin más descanso que el rato del almuerzo, o de la dormidita que te pueda dejar hacer un semáforo un poco largo o el propio tráfico de la ciudad.
No es extraño, más bien uno se sorprende, cuando un combista o un taxista, respeta las normas de tráfico.
¿Quién no quisiera tener un pequeño tanque justiciero? Yo, sí.
El caso es que, si tienes suerte y no hay batidas, si eres buen negociador, la combi puede dejarte en la puerta de tu casa.
- ¡Esquina baja!, digo yo con las llaves en la mano. Próxima parada: Mi casa.
lunes, 2 de julio de 2012
Frecuencia de vuelos
Puede que alguno se pregunte, qué tan frecuente van a salir publicaciones en este blog.
Sé que estáis aburridos, y que necesitáis un poco de distracción a lo largo de la jornada, esto explica el éxito de algunas webs sociales, ¿no?, pero la verdad es que el tiempo es limitado, y la inspiración también.
Así que, apelando a lo que indican las condiciones de las aerolíneas, las publicaciones van a ser semanales, saldrán todos los miércoles por las mañanas, excepto en casos de mal tiempo, desastres naturales, actividades terroristas, guerra, o huelga del personal.
Sé que estáis aburridos, y que necesitáis un poco de distracción a lo largo de la jornada, esto explica el éxito de algunas webs sociales, ¿no?, pero la verdad es que el tiempo es limitado, y la inspiración también.
Así que, apelando a lo que indican las condiciones de las aerolíneas, las publicaciones van a ser semanales, saldrán todos los miércoles por las mañanas, excepto en casos de mal tiempo, desastres naturales, actividades terroristas, guerra, o huelga del personal.
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