domingo, 15 de marzo de 2015

A l'estiu tota cuca viu

Por suerte, o por desgracia, el verano limeño ya termina, y con él, toda la parafarnalia y despliegue agotador de fiestas y compromisos sociales y de gentita que sale a relucir después de 9 meses de encierro, sacrificio y dolor, para poder pagar la casa o el cuarto veraniego, y toda la fiesta nocturna y vida social asociada al veraneo limeño de la alta alcurnia y de los aspirantes a ella.

Ya después de 3 meses de interminables parrilladas que empiezan el viernes y terminan el domingo, grandes sesiones de exposición solar a las horas de máxima radiación solar, de empalmar los grandes "tonos" con la playa, o del consumo excesivo de alcohol o drogas y las largas manejadas por la Panamericana, el agotamiento del veraneante se hace notorio, y las playas empiezan a despertar cada fin de semana que pasa, con menos luces, menos fiestas y menos surfistas de verano.

Y después de estrenar casi tantos bikinis como fines de semana tiene el verano, la burguesía limeña regresa poco a poco a la capital, al colegio, al trabajo y a sus quehaceres del resto del año, y abandona paulatinamente los 100 km de playa que siguen extendiéndose hacia al Sur, a la par con el crecimiento de la clase media y alta beneficiada por la coyuntura económica y la bonanza de los últimos años.

Debo decir que ahora, cuando ya todo regresa a su lugar, es cuando yo empiezo a disfrutar del verano y de la vida en la playa, del rumor de las olas, de la brisa marina y de las puestas de sol sentada en la playa o con un buen vino blanco y frío escuchando, como único fondo, el oleaje, tan movido por estas fechas, pero a la vez tan arrullador.

Semana Santa ya se acerca, y haga frío o calor, con ella, el fin de la temporada de playa. Quedará solo cerrar los portones, y clausurar las casas de nuevo por 9 meses, y dejar al tiempo que cure, reponga y esconda el estrago causado en solo unos meses de intensa y frenética actividad.

Y será la hora para los reales amantes de la vida de mar.