El año empieza
siempre lleno de buenas intenciones y propósitos, luego siguen las promesas,
juramentos y otro tipo de compromisos, muchos de los cuales uno dice casi sin
pensarlos para luego terminarlos olvidando en el transcurso del año, o haciendo
que los olvidas.
Más que empezar
el año con una lista, yo decidí improvisarla mes a mes, para no perderme en el
olvido y la frustración de los objetivos y sueños incumplidos.
La verdad es que
no recuerdo en todos estos años de adulta legal, haberme puesto ningún objetivo
inalcanzable, o que implicara un gran sacrificio, y menos haberle pedido a
Dios, Virgen o a algún Santo del amplio repertorio que ofrece el santoral,
ayuda o fuerza para llevarlo a cabo. No por eso juzgo o señalo a aquellos que
enfrentan una dura enfermedad, o lucha interna o a aquellos que quieren o deben
afrontar un gran reto, y piden ayuda a un ente superior, no sé si buscando fuerza,
voluntad o esperanza, encomendándose a
la gracia y el favor de ese ser espiritual. A veces pienso si es una manera de
sacarse la responsabilidad de encima ante al fracaso, o si es por no querer
reconocer el mérito de alguien ante el éxito, dándole a la entidad divina, el
poder de decidir sobre nosotros.
Tal vez no he
estado en un caso extremo -ojalá nunca deba estar ahí- y no pueda entender que hay
veces que uno necesita fuerzas extraordinarias para superar algunos baches que
la vida te pone al frente. Pruebas de fe, le llaman.
En Lima, acaba
de empezar el mes morado: Octubre. Empiezan a aparecer, como iniciando la
primavera, brotes de morado que afloran por las calles. Pese a que cada vez es menos
frecuente, aún ves mujeres vestidas de morado, paseando con su hábito penitente
de color entero y su cordón blanco. Mujeres de todas las edades y condición
social. No hay hombres, eso sí, no sé si por ser menos fervorosos, o si es que ellos
están exentos de esa tradición. Creo que nadie lo cuestiona.
Durante este
mes, las procesiones del Señor de los Milagros invaden las calles del Cercado
de Lima, repletas de fervorosos del Cristo y curiosos que cada año se acercan y
acompañan la figura entre flashes, llantos, cantos, gritos y trago.
Uno de mis propósito
para este año, para el mes de octubre, fue ir a una de las procesiones
del Señor de los Milagros. Después de ya siete octubres en Lima, y amenazar
cada año, este año toca, sí o sí. Dicen que el 7 tiene algo de místico, así que ya no hay excusa que valga. Reflex en mano, y con pocas monedas en los bolsillos, me adentraré al gentío para conocer a una de las más fuertes tradiciones católicas que aún siguen arraigadas en la capital del virreinato. Otro día os cuento.