miércoles, 1 de agosto de 2012

No quisiera ser aquella persona de la ambulancia...

El otro día, como otros, conduciendo por Lima, empecé a oir la sirena de una ambulancia. Se oía lejana, pese a eso, y por instinto, empecé a mirar hacia todos lados, y logré verla por el retrovisor.

El semáforo se puso en verde y avancé un poco, intentando ya ubicarme de manera que fuera sencillo poder maniobrar para dejarla pasar.

Volví a mirar por el retrovisor, seguía parada en el mismo lugar. Estaba haciendo luces, tocando la bocina, intentando que le dieran paso, o que al menos los coches avanzaran. La gente de los vehículos de alrededor, acostumbrada a los ruidos urbanos, y a la indiferencia que predomina en la metrópoli, hacía oídos sordos, seguramente subían el volumen de su radio, o iniciaban una llamada por nextel, explicando a su interlocutor que llegaban 2 horas tarde porque estaban atrapados en el tráfico, mientras otros, histéricos porque tenían una ambulancia detrás reventándoles los tímpanos, como si ellos fueran los que no la dejaran pasar, se ponían de mal humor y sacaban la mano por la ventana, como queriendo hacerla callar.

Me empecé a atormentar, pensando en la persona que estaba dentro, por una emergencia, requiriendo de una rápida asistencia, y la impotencia del conductor de la ambulancia sintiéndose ignorado y sin poder llegar a su destino.

La pasividad de la gente me puso de mal humor, y empecé a tocar el cláxon, para ver si alguien se movía, o intentaba ponerse a un lado, pero nadie hizo nada. Realmente era desesperante.

Finalmente, y por algún lugar, apareció un policia, que logró acertar en hacer mover los coches que bloqueaban el paso, porque estaban girando por un lugar prohibido, e hizo movilizar todo aquel tráfico, que por iniciativa propia, y por quererse hacer los vivos, o no querer dejarse adelantar, habían estado obstruyendo a conciencia el paso de la ambulancia.

Finalmente la ambulancia me pasó, y con ello, logré relajarme.

Al seguir mi camino, ya con el tráfico más relajado, me puse a pensar en el echo y en cómo a toda aquella gente no le había importado lo más mínimo el echo que pudieran estar poniendo en riesgo una vida, tal vez y sin saberlo, de un amigo, o de un familiar, o de un completo desconocido, ¡qué importa!

Ojalá se creara una conciencia de comunidad, y que la gente, por un momento se parara a pensar en las consecuencias que hechos como estos pueden tener.

No quisiera ser aquella persona de la ambulancia...


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