Sales de tu casa, caminas tres pasos, y en el intervalo, varios taxis ya te han tocado la bocina (sin importarles que son las 5am y tal vez haya gente que aún duerme), hecho luces o sobreparado a tu lado preguntando si quieres que te lleven.
Sales de la oficina, y frente a la gasolinera combis, cousters y taxis compiten por un pasajero indeciso que tiene a todos alerta, y el tráfico parado a su antojo, mientras regatea con uno y con el otro hasta estar satisfecho.
Conduces por la Javier Prado, y repentinamente, una moto-taxi (o más conocida como moto-rata) decorada con un gusto cuestionable, y definitivamente manipulada, te adelanta por el carril derecho para luego cerrarte.
Yendo al trabajo, ves como un flash una carrera a muerte entre dos combis, que luchan por reducir tiempos y llegar al siguiente "paradero" y subir a todos los pasajeros antes que nadie.
Subes a una combi y te sientes cual montaña rusa, de un lado al otro, con frenadas bruscas en medio de la nada para subir a un pasajero más, aceleradas en semáforos en rojo, enlatamiento de pasajeros somnolientos que se apoyan en tu hombro intentando dormir unos segundos, ronquidos intensos, gente sentada con las rodillas a la altura del mentón para entrar en el asiento...
Los pasajeros que tienen la suerte de ir sentados, no tienen cinturón, sólo el chofer, pero no se quiere sentir distinto. ¡Sálvese quien pueda si me choco! El cinturón sobre-puesto, sólo para que la policía piense que sí está atado. Molesta, pes.
Cables saliendo, luces de freno quemadas, puertas sin sistema de seguridad y que no cierran, y el cobrador, haciendo muestra de sus habilidades trapecistas para cargar pasajeros con el coche en marcha, mientras cobra al que quiere bajar.
- ¡Baja-baja!, dice un pasajero
- ¡Sube-sube!, dice el cobrador mientras golpea la puerta ya abierta antes que el coche se haya detenido.
Full adrenalina.
No por nada, les llaman las "combis-asesinas".
Por suerte, cada vez ves más inspectores de tráfico parando y revisando los documentos de los choferes de combis, cousters o buses.
El trabajo que debería estar asignado a la policía, se ha visto tan corrompido en las últimas décadas, que no hay multa que uno no pueda exonerar a cambio de una Coca-Cola, una revista, o un billete de 50 USD, según la gravedad.
Es triste decirlo, pero aquí la policía, no tiene autoridad alguna, y el echo es que ellos mismo se han ganado la fama. Y quien más se aprovecha de la situación,son aquellos que se pasan el día con las manos al volante, en jornadas de más de 12h y sin más descanso que el rato del almuerzo, o de la dormidita que te pueda dejar hacer un semáforo un poco largo o el propio tráfico de la ciudad.
No es extraño, más bien uno se sorprende, cuando un combista o un taxista, respeta las normas de tráfico.
¿Quién no quisiera tener un pequeño tanque justiciero? Yo, sí.
El caso es que, si tienes suerte y no hay batidas, si eres buen negociador, la combi puede dejarte en la puerta de tu casa.
- ¡Esquina baja!, digo yo con las llaves en la mano. Próxima parada: Mi casa.
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