Cuentos chinos y de princesas
María de las Mercedes cada año esperaba con ansias la llegada de San Valentín. Meses antes ya prendía velitas a Santa Rosa para que le concediera el tan esperado príncipe azul que todo el mundo le prometía que llegaría – Hija, tarde o temprano llega. Existe el hombre perfecto! –
María de las Mercedes cada año esperaba con ansias la llegada de San Valentín. Meses antes ya prendía velitas a Santa Rosa para que le concediera el tan esperado príncipe azul que todo el mundo le prometía que llegaría – Hija, tarde o temprano llega. Existe el hombre perfecto! –
Con el paso de
los años, María de las Mercedes había dejado de ser una niñita soñadora, para ser una
adolescente rebelde y con las cosas claras pero seguía creyendo en la llegada, algún día, de
ese caballero montado, que la rescatara y la convirtiera en la más dichosa de
las chicas del barrio.
San Valentín
volvía a pasar, como cada año, pero nada, no clavaba en nadie su flecha
portadora del amor ideal y cegador.
María de las Mercedes sí había
tenido sus amores pasajeros, pero esperaba ese hechizo especial que varios
describían, y que ella nunca había llegado a sentir por nadie.
Los años pasaban
y todos sus amores también.
Con el tiempo, acabó por convencerse que su príncipe azul posiblemente habría acabado mal herido en alguna batalla contra algún dragón porque no llegaba, y ya no creía que fuera nunca a llegar. Acabó por olvidar a los príncipes y princesas de sus cuentos de hadas y a asumir la triste realidad.
En su puestecito de dulces, junto a la Av. Canaval y Moreyra, mucho jóvenes prometedores la cortejaban al pasar. Pero no fue hasta el día en que Rolando pasó y la invitó a un chocolate, cuando ella levantó la cabeza y le sonrió. Él pasaba seguido por su humilde puestecito en pleno centro empresarial y le robaba una sonrisa. Poco a poco María de las Mercedes, sintió lo que por mucho tiempo había estado buscando. Las risas y las largas charlas en un barcito del centro Lima, a donde él la invitaba, fueron intensificándose y descubrió, que se había enamorado de él.
Rolando y sus promesas un buen día desaparecieron, así como habían llegado, sin avisar. A pocos días de San Valentín.
María de las Mercedes lo buscó hasta la saciedad, pero nunca pudo encontrarlo ni saber más de él. ¿Fue realidad o fue un sueño?
Mucho tiempo después, recibió una nota sin remitente, pero ella sabía quién la había escrito. La nota solo decía: - Perdóname, San Valentín no existe.
Frío - Jarabe de Palo
http://www.youtube.com/watch?v=4QPIcHNCQ88
Con el tiempo, acabó por convencerse que su príncipe azul posiblemente habría acabado mal herido en alguna batalla contra algún dragón porque no llegaba, y ya no creía que fuera nunca a llegar. Acabó por olvidar a los príncipes y princesas de sus cuentos de hadas y a asumir la triste realidad.
En su puestecito de dulces, junto a la Av. Canaval y Moreyra, mucho jóvenes prometedores la cortejaban al pasar. Pero no fue hasta el día en que Rolando pasó y la invitó a un chocolate, cuando ella levantó la cabeza y le sonrió. Él pasaba seguido por su humilde puestecito en pleno centro empresarial y le robaba una sonrisa. Poco a poco María de las Mercedes, sintió lo que por mucho tiempo había estado buscando. Las risas y las largas charlas en un barcito del centro Lima, a donde él la invitaba, fueron intensificándose y descubrió, que se había enamorado de él.
Rolando y sus promesas un buen día desaparecieron, así como habían llegado, sin avisar. A pocos días de San Valentín.
María de las Mercedes lo buscó hasta la saciedad, pero nunca pudo encontrarlo ni saber más de él. ¿Fue realidad o fue un sueño?
Mucho tiempo después, recibió una nota sin remitente, pero ella sabía quién la había escrito. La nota solo decía: - Perdóname, San Valentín no existe.
Frío - Jarabe de Palo
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